Testimonios

La verdad, es que empecé en esto del juego desde muy joven, de hecho,me ha gustado siempre, recuerdo apostar con los amigos en las partidas de chapas o jugando a las canicas, así que ha estado en mi vida prácticamente siempre.

La cosa empezó a degenerar cuando me hice adulto, al principio no era gran cosa, algunas monedas sueltas en una máquina, alguna visita al casino, a veces. ganaba, otras perdía, pero siempre dentro de un límite.

¿Qué paso?, simplemente que esas visitas al casino se hicieron más frecuentes y tenía una sensación de poder, de tener una vida más plena, iluso de mí. Era un bálsamo, una vía de escape de una realidad que no quería ver y no me llenaba (o eso creía yo). He de decir que no era impulsivo, yo planeaba meticulosamente mis vistas al casino y mis tiempos para jugar, podía estar días, semanas sin pisarlo, pero cuando lo hacía, no había limite ni de tiempo ni de dinero.

Unos de los momentos más vergonzosos fue estar jugando mientras mi mujer estaba en un quirófano sufriendo un legrado, operación que a nivel físico no es complicada, pero que psicológicamente es muy dura y no estuve ahí para apoyarla, esa herida no me la podre quitar nunca.

¿Como llegue a la asociación?, un día, mi padre fue a verme a Madrid y destapo el pastel, salió todo y pase de tener una casa, un trabajo, una mujer, una vida, a tener que volver a casa de mis padres, con una mano delante y otra detrás.

Cuando empecé, solo pensaba en dos cosas, como recuperar a mi mujer y como salir de ese marcaje tan férreo al que me tenían sometido, hasta que al cabo de un tiempo, después de una terapia a la que acudió mi mujer, cuando salimos esta me dijo que no quería saber nada de mí y que nunca sería capaz de decir una verdad… esa bofetada me despertó, estuve casi un mes entero sin hablar apenas, solo pensando, digiriendo y sobre todo conociéndome, se puede decir que fue un renacer en todo el sentido de la palabra con ayuda de la gente de la asociación y especialmente de mi padre, el cual sabia escuchar y sobre todo aconsejar.

Solo puedo decir que esto para mi es una “bendita maldición”, porque a pesar de todo el daño y todo el tiempo que he perdido, el pasar por este trance me ha ayudado a conocerme muy bien y sobre todo a crecer, a querer seguir creciendo, evolucionando. No contemplo que haya juego en mi vida, no lo necesito ni lo quiero, porque de lo que me he dado cuenta es que lo que más vale en esta vida, no se compra ni se vende.

(Testimonio de un jugador rehabilitado, con más de 10 años sin juegos de azar.)